I
Vacío
"Cuando nos mudemos allá olvidaré todo, lo arrancaré de raíz."
- Chéjov - "La gaviota"
La lluvia caía caudalosamente sobre el asfalto y, desde aquella pequeña ventana, los árboles deshojados eran algo más que una figura estática del paisaje. Mientras observaba, mil pedazos de mí se embolsaban en el fondo de mis ojos. Lo había perdido todo, incluso la percepción de los sonidos, y sin embargo allí estaba: con mi pena desbordante y la memoria intacta, pisoteándome la voluntad de renacer. Sentía el corazón que bombeaba y me estremecía las entrañas. Su latido se bordaba en las hojas del otoño, que caían y se deslizaban entre mis dedos:
"quien sabe de dolor, todo lo sabe", recordé.
Me quité las máscaras, me miré al espejo.
Grité a los cuatro cardinales y el dolor se arrancó las vestiduras.
Sin embargo, sigo sin saber cuál reflejo me pertenece.
II
Me gustaría parecerme más a la del pasado lejano, a la de uniforme cuadrillé y andar embobado. Me pregunto si alguna vez confundí
lujuria con amor, si las cosas resquebrajadas acaso son insalvables. Me pregunto si no será un tanto egoico querer escaparle
para siempre al sufrimiento. Este es el ante infierno, o que los gusanos nos coman. Dante, me lo dijo todo.
III
Lo que me gusta de las cornisas es que me producen una dicotomía agria y voraz, hambrienta de golpearme, de caerme estrepitosamente para nunca más volver a la cordura. Lo que me gusta de mis extremos es que me muestran lo que nadie ve, y cada día, mientras hago mis actividades y me disperso mundanamente, me despiertan del letargo de la resignación, me alejan del suicidio cotidiano.