El problema es sentir todo cuando no hay nada -cuando la nada inspira- y no sentir nada cuando hay todo.
Llegué a comprender cabalmente de qué se trata la libertad cuando solté algo que sentí que me pertenecía. Y ya no me vi tan niña, ni a mis fantasmas tan fantasmas, ni a las víctimas tan víctimas, ni a los culpables tan culpables. Fue tan fuerte la ambivalencia, tan dolorosa... (¿quedarse por lo bueno? ¿o irse por lo malo? ¿esperar? ¿renunciar a tiempo? ¿soportarnos a nosotros mismos, en la soledad más acérrima? ¿soportar nuestros latigazos? ¿castigarnos por no sentirnos conformes con lo que nos dan? ¿ser agradecidos? ¿ser hijos de puta? ¿fingir por amor? ¿romper por dolor? ¿hacer lo que nos piden? ¿ceder? ¿vivir insatisfechos? ¿vivir con la esperanza de que mañana cambiará todo? ¿vivir desesperanzados? ¿nadar en la comodidad del mar sereno? ¿meternos debajo de la tormenta? ¿soportar nuestro propio martillo de jueces?).
Y por último, esta frase de Hesse:
"Algunas personas piensan que aferrarse a las cosas las hace más fuertes, pero a veces se necesita más fuerza para soltar que para retener."